05-03-2012

Por qué apoyo una Asamblea Constituyente



La democracia con sufragio universal es una conquista cultural muy reciente, si se exceptúa el experimento desarrollado por los griegos hace 2.500 años y que de universal no tenía nada, puesto que participaba un sector muy minoritario de su población. Darle el poder al pueblo en su conjunto es una rareza en la historia humana y es por ello que los grupos de poder que quieren mantenerse en él a pesar de la voluntad popular, siempre han buscado los resquicios para eludir, de un modo u otro, este mandato.

Uno de los recursos más usados, porque no tiene efectos secundarios indeseables, es legitimar lo ilegítimo. Ya lo decía Maquiavelo: “Príncipes, si queréis manteneros en el poder, diseñad una constitución a vuestra medida”. Por cierto, no se trata de una cita literal sino irónica, pero que recoge el espíritu de la recomendación del célebre florentino.

El dictador Pinochet, con la complicidad de la derecha, se tomó muy en serio estas enseñanzas, las que se plasmaron en la que se conoce como “Constitución del 80”, carta fundamental que hasta hoy nos rige, con un par de retoques menores que no le quitan la esencia de su carácter autoritario. Allí se pergeñó el sistema binominal, la democracia protegida y, en general, una infinidad de recursos dirigidos principalmente a vulnerar la voluntad popular, convirtiendo a dicho cuerpo legal en un instrumento sumamente eficaz para favorecer la permanencia de esos sectores en el poder. Es comprensible entonces que los favorecidos se nieguen a modificar aquello que los legitima. En base a estos antecedente, juzgue usted mismo quien es y quien no es democrático en el actual escenario político.

Yo creo en una democracia de verdad, no en esta farsa en la que nos encajonó la dictadura militar y sus cómplices civiles. Una Asamblea Constituyente, con todas las dificultades que pueda tener ese proceso, es la única vía para devolverle a nuestro pueblo la potestad que le ha sido arrebatada durante tantos años. A través de ese magno evento democrático, podremos decidir cómo queremos vivir y cuáles debieran ser las normas que van a regir nuestra convivencia.

Los chilenos tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado para seguir adelante con resolución. Pero ese reencuentro social no se alcanzará por imposición de unos pocos, hoy además gravemente desprestigiados frente a la ciudadanía, sino que a través del ejercicio pleno de nuestra libertad.

Y porque creo en ese espíritu libertario que subyace en una democracia, afirmo que la realización de una Asamblea Constituyente es un imperativo para nuestro país, una respuesta necesaria y urgente para normalizar de una vez nuestra convivencia y madurar como pueblo.

19-02-2012

¿Salud?




El principal problema es que en nuestro país, existe una salud de buena calidad para quienes puedan pagarla y otra de mala calidad para quienes no tienen los recursos suficientes.

En algunos sectores, existen recursos suficientes para tener la seguridad de poder encontrar respuesta a las necesidades en este sentido y en otros la enfermedad es causa de ruina, cuando no en definitiva de resignación obligada frente al dolor y el sufrimiento de los seres queridos. ¿Cómo puede considerase justa la comparación entre las grandes clínicas privadas y los hospitales que se caen a pedazos por su antigüedad, insuficiencias en mantención y sostenido deterioro?
Las aspiraciones ”humanistas”, tanto en salud como en educación, debieran ser gratuitas y de buena calidad para todos los chilenos, sin excepción alguna. Estamos hablando de derechos humanos esenciales para todo ser humano, por lo que cualquier forma distinta de enfoque, en realidad no hace otra cosa que negar tales derechos.

Si hemos de hablar del “derecho a la vida” entonces pongamos también esto en discusión. Pero claro, con la deshumanización imperante, en que el dinero tiene más importancia que la vida de los seres humanos, se considera estos planteos como “imposibles”, por lo que todos los gobiernos, economistas y políticos doblegados por el gran capital no están dispuestos a iniciar siquiera una amplia discusión al respecto.

¿Soluciones…?. Toda solución pasa por dejar la hipocresía imperante y resolvernos a dar a todos la salud que todos necesitan. No faltará quien pregunte por los “recursos”. Yo digo, primero pongámonos de acuerdo en lo esencial y después preguntemos por los recursos. Seguramente allí estarán, por ejemplo los recursos del cobre, cuando estemos dispuestos a aceptar que es necesario dar respuesta definitiva a este y otros derechos fundamentales.

Todo lo demás son palabras y acciones que no resolverán el problema, postergando innecesariamente el salto que debemos dar para transformar verdaderamente a Chile.

12-10-2011

La política oculta



No deja de ser significativo que mucho más importante que lo que dicen los candidatos es aquello que no dicen, lo que eluden, lo que escamotean. Esto que parece una afirmación un tanto descabellada, se vuelve lógica en cuanto profundizamos en ella y lo voy a hacer con un ejemplo.

De pronto, sin más repiten un discurso típico, vago e inconsistente para eludir los temas de fondo y como por arte de magia trasladar el foco de atención hacia secundarios y convenientes para ellos.

La política parece abandonar cada día más el ámbito de las visiones de país o de sociedad para convertirse en un recetario. Esto no es malo en si sólo que se trata del último eslabón de una cadena de ideas y concepciones, así es que pienso que sería mucho más revelador que se diera cuenta con mayor transparencia de la visión global que sustenta aquellas medidas “curativas”.

Pongo un ejemplo simple: a la derecha le viene muy bien el sistema binominal, ellos lo diseñaron y lo instalaron para asegurarase una participación en el poder que no tendrían si los cargos fueran asignados por mayoría. Pero no les conviene decirlo, es impopular. Entonces desvían la atención hacia otros temas que no les complican. Si atendiéramos a lo que no quieren hablar los candidatos de ese sector, sabríamos, por ejemplo, que no tienen la más mínima intención de cambiar el actual sistema electoral y que seguiremos siendo un país escasamente democrático por mucho tiempo. La hipocresía y el disimulo es una vieja conducta política.

Así, si quieren tener una visión real del país en el que van a vivir durante los próximos años, cuando vean un debate entre candidatos les recomiendo fijarse en lo que se callan los participantes, en sus silencios más que en las promesas que “bocinean” a los cuatro vientos. Ahí, en la oscuridad de la trastienda, están las concepciones políticas e ideológicas más duras, sólo que no salen a la luz porque las condiciones ambientales hoy les son adversas. Pero aunque no se las vea, influyen radicalmente sobre las decisiones de aquellos que nos gobiernan o quieren gobernarnos en el futuro.

27-09-2011

Quienes somos los humanistas*



Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de ésta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.

Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.

Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.

Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie. Los humanistas no quieren un Estado centralizado, ni un Paraestado que lo reemplace. Los humanistas no quieren ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan.

Pero entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo.

*Del Documento Humanista

06-09-2011

El Capitalismo*



He aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es gobierno, es ley, es poder. Es, básicamente, subsistencia. Pero además es el Arte, es la Filosofía y es la Religión. Nada se hace sin dinero; nada se puede sin dinero. No hay relaciones personales sin dinero. No hay intimidad sin dinero y aún la soledad reposada depende del dinero.

Pero la relación con esa "verdad universal" es contradictoria. Las mayorías no quieren este estado de cosas. Estamos pues, ante la tiranía del dinero. Una tiranía que no es abstracta porque tiene nombre, representantes, ejecutores y procedimientos indudables.

Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.

* Del Documento Humanista